Crítica del culto a la fecundidad
Publicado: junio 13, 2026 | Autor: jgarcialeria | Archivado en: Gastón Barea | Tags: historias |Deja un comentarioGastón Barea
La prostitución por razones de culto, que podía comprometer tanto a la mujer como al hombre, formaba parte de los ritos de la fecundidad del próximo oriente antiguo. La forma de prostitución sagrada más conocida en la antigüedad fue la que se practicó en los templos de Babilonia. Las mujeres, que se sentaban junto a los caminos y quemaban salvado porque hacía las veces de afrodisíaco, iban ceñidas con cuerdas para indicar que debían cumplir con esta obligación. Mientras una mujer exhibiera cuerdas sin romper, estaba manifestando que en su caso el rito no se había consumado.
La prostitución sagrada parece que fue una institución especialmente activa en Canaán, y buena parte de los rasgos naturistas que allí la caracterizaron probablemente fueran originales de la región. Esta peculiaridad podría tener su origen en que la cultura que era generalmente compartida entre sus habitantes concebía la vida sexual a imagen de las relaciones entre las divinidades de la fecundidad que sus mitos les explicaban.
Todo lo que sobre esta creencia hemos analizado, procedente de las Escrituras, permite afirmar que la prostitución sagrada llegó a ser una práctica que prendió y se consolidó entre los hebreos, quienes la habrían adoptado, como los demás elementos de los cultos a la fecundidad que para ellos también terminaron siendo familiares, de sus coterráneos, hasta el punto que un ritual así pudo ser practicado como parte del culto a Yavé. Probablemente hasta la reforma de Josías la prostitución sagrada pudo mantenerse activa entre los hebreos, incluido su principal centro de culto, el templo de Jerusalén. A tanto pudo llegar el contagio que incluso se ha visto infiltración de los mitos aludidos en los textos sagrados. Hay quien ha relacionado el contenido del Cantar de los Cantares con ciertas versiones del mito de Istar y Tammuz y con los ritos del matrimonio divino, la hierogamia, que en la tradición religiosa oriental se supone consumado por el rey, que ocupa el lugar del dios.
Que los hebreos adoptaran la prostitución sagrada también fue condenado finalmente por los autores sagrados. El texto concluyó considerándola nociva, sobre todo por la reincidencia, porque se multiplicaban las prostituciones –según prefiere decir–, y señaló la sumisión a pueblos exteriores como la justa consecuencia de este exceso.
Antes de precipitarse en conclusiones, hace balance de lo ocurrido en los siguientes términos. Las mujeres de los hebreos se prostituían a los egipcios, sus vecinos, de cuerpos fornidos. Después, no hartas todavía, se prostituyeron a los asirios, y se prostituían sin hartarse tampoco. Y luego multiplicaron sus prostituciones en el país de los mercaderes, en Caldea, donde tampoco esta vez quedaron hartas.
Fueron entonces los hebreos el blanco de las burlas de las hijas de Edom, de las hijas de los filisteos y de todas las de los alrededores, que por todas partes los agobiaban con desprecios. Especialmente se burlaron de ellos las hijas de los filisteos, que se avergonzaban de la infamia de su conducta. Cuando el dios único por fin decidió levantar su mano contra ellos, sobre disminuir su ración, justamente los entregó a la animosidad de las hijas de los filisteos, sus enemigas.
Una parte de la crítica lee esta hermética manera de hablar interpretando sus elementos en términos de relaciones exteriores y guerras de conquista. Hijas son ciudades, y por tanto las hijas de los filisteos son sus ciudades o pentápolis. Efectivamente las ciudades filisteas aprovecharon la debilidad de Judá para engrandecerse a su costa, en tiempos de Ajaz según el Libro segundo de las Crónicas y en los de Ezequías según los Anales de Senaquerib, y tal vez también después de la primera deportación.
Si se toma otra vía de interpretación, esta elíptica manera de condenar la prostitución sagrada solo es oscura en apariencia. El propio texto sostiene que, por vía conyugal, los hebreos relajaban la creencia en el dios único en beneficio de los dioses de otros pueblos. Frecuentar la unión, con la multitud de cruces que permiten tanto el comportamiento adúltero como la preferencia por los extranjeros para cumplir con el deber que el reconocimiento a la fuerza de la fecundidad impone, abriría múltiples frentes y crearía un verdadero caos de convicciones. En ese sentido frecuentar la prostitución es vía para quedar sujetos a pueblos extranjeros.
Las prostitutas y los prostitutos sagrados terminaron condenados por el Deuteronomio y por el profeta Oseas. La práctica de la prostitución sagrada fue amenazada con la entrega en las manos del furor y de los celos, quienes se encargarían de arrasar el prostíbulo y demoler los altos, de despojar a las prostitutas de sus vestidos y de arrancarles sus joyas.
Invirtiendo los términos, a partir de entonces la entrega de una hija a la prostitución justamente degradaría lo que de sagrado pudiera haber en la tierra. El problema de mayor envergadura al que la condena de la prostitución sagrada tuvo que hacer frente fue el del final del semisacerdocio propio que hubiera originado. La expulsión de estos funcionarios del culto se convirtió en uno de las banderas de todos los movimientos de reforma, promovidos desde la monarquía, en favor de la religión de dios único.
Comentarios recientes