Composición de las rentas del trabajo. 2

Andrés Ramón Páez

Evidentemente no son ni el hambre ni la despoblación los que necesariamente siguen a la composición y magnitud de la renta efectiva de la mayor parte de los trabajadores en los cereales. Si así hubiera sido, no hubiera prosperado durante generaciones en centenares de poblaciones. La iniciativa humana no es en modo alguno resignada. Las rentas suplementarias son también una parte del orden. Cuando declaran su actividad, los que estadísticamente luego son clasificados como jornaleros, se presentan a sí mismos, de la manera más expresiva, como activos a todo tráfico del campo. La renta que con mayor naturalidad se integra en el sistema, como si fuera una rama nacida del tronco, es la que proporciona el transporte. Ya sabemos que disponer de una bestia de labor es, de todos los que exige esta agricultura, el capital más asequible, mucho más si es de ganado menor. Ninguna inversión del excedente tan útil como esta, que se puede verificar razonablemente por pequeña que sea, mucho más imponiéndose una moderada privación. Un rucho se puede comprar con poco más de lo que valen un par de fanegas de trigo, y a evitar que su manutención sea un costo se puede aspirar con fundamento porque todas las poblaciones disponen de pastos públicos. Porque su aplicación al transporte de cereales tuvo que ser su dedicación inmediata, el orden del que se alimentaba esta agricultura cerraba con importantes límites económicos la exportación del cereal, mucho más efectivos que los dictados por el legislador. Pero no corresponde a este lugar continuar en esa dirección.

     Los costos relativos del trabajo, como es previsible, se incrementan en razón inversa al tamaño de las explotaciones. Es la consecuencia que se puede esperar de un hecho que no admite modificación, que la unidad trabajador no sea fraccionable. Pero tampoco está en los propósitos de este ensayo fijar los diferentes costos del trabajo según tipo de iniciativa productora. Por el momento, de lo que se trata es de retener un modelo lo más preciso posible de los costos tipo que para cualquier empresa puede tener cada modalidad de trabajo, con el deseo de enunciarlos en la misma unidad métrica que el salario y poder, por tanto, medir con la mayor precisión su alcance económico.

     Todo el tiempo de trabajo que acumulaba a lo largo de un año una fanega de tierra destinada al cultivo de los cereales, se ha estimado en solo 72 horas. Tan poco exigentes eran las técnicas aplicadas, tan generosa la naturaleza. Fragmentado el trabajo en unidades diarias, o tiempo mínimo de uso, de seis horas efectivas, en cada fanega sería necesario invertir 12 jornadas (72/6). Si reunimos las actividades que el cultivo requiere en tres series según duración y especialidad, resultaría la siguiente distribución parcial de las 12 jornadas. La gestión, que incluye gobierno y guarda y el cuidado de la ganadería de labor, necesarios durante todo el año para cada unidad de superficie, serían responsables de una cantidad de trabajo equivalente a 1,44 jornadas. Los trabajos de la parte del ciclo comprendida entre el otoño y la primavera, que son sementera, escarda y barbecho, consumen por unidad de superficie un tiempo casi igual, estimado en 1,56 jornadas. Por último, todos los trabajos de recolección (segar, agavillar y trillar) absorben las 9 jornadas restantes.

     Para el de todo el año, la cantidad de trabajo que cada explotación demanda está en relación directa con el tamaño de la ganadería de labor que emplea. Este valor, a su vez, viene decidido por el número de arados reveceros que cada iniciativa pone en acción. Pero en el cálculo del tamaño idóneo de la cabaña de labor sus promotores afrontan con más o menos prudencia el problema de su tasa de reposición. Los más previsores, bien por quedar a cubierto de las epizootias bien porque están persuadidos de la continuidad de su empresa, acumulan y mantienen un mayor ahorro de capital ganadero vivo. El resultado es que necesitan disponer de una cantidad de ganaderos mayor, y por tanto incrementar su gasto en esta clase de trabajo. Otros, sean menos prudentes o se vean en la necesidad de sostener su empresa sobre cimientos más frágiles y menos duraderos, pueden salir al paso de la misma inversión con una cabaña menor, lo que también mantendrá su costo del trabajo correspondiente resignado a la moderación.

     La documentación permite detectar estas dos tácticas como dos tamaños relativos de la plantilla que permanece trabajando para la explotación durante todo el año. Las vamos a llamar, sin abandonar las relativas posiciones, intensiva y extensiva. La primera se puede aislar con bastante precisión en el intervalo comprendido entre las 20 y las 25 fanegas de superficie puestas en explotación por cada trabajador de esta clase. La táctica extensiva, asimismo, queda definida con satisfactoria nitidez por los valores entre 30 y 35 fanegas por trabajador.

     De la aplicación al cálculo de la cantidad de trabajo que demanda cada uno de estos dos comportamientos resultan, respectivamente, dos valores que expresan la cantidad de energía humana necesaria, expresada en unidades de trabajador, por cada fanega de superficie puesta en cultivo: 0,0444 para la modalidad intensiva y 0,0308 para la extensiva. Para el ensayo que en este momento deseamos puede bastar con el valor medio. Por cada fanega tipo puesta en cultivo sería necesario disponer de 0,0376 trabajadores de la clase que hay que mantener en activo durante todo el año.

     Para las demás actividades el recorrido de los hechos que las fuentes permiten observar es mayor. Habiendo procedido de manera similar para su tratamiento, evitamos la descripción detallada de cada secuencia de cálculos, que está justificada por razones equiparables, y concentramos el texto en la presentación de los valores que son necesarios para llegar hasta la deducción de los costos unitarios.

     El trabajo necesario para la sementera, en la que confluyen como factores inmediatos el tipo de ganado que se emplea y las condiciones físicas del suelo labrado, nuestras fuentes lo calculan entre 1,6667 hombres por fanega y día y 4. La mayor frecuencia de valores en torno a 2 (2,1505 y 2,3810) obliga a fijar el tipo para el cálculo en 2,5496.

     La demanda para los barbechos, porque en ambas operan los mismos medios y las mismas condiciones, se valora en casi idénticos términos que la sementera, hasta el punto que buena parte de las explotaciones ni se detiene a separar el esfuerzo empleado en cada una. Como la profundidad de la reja es en alguna de las fases del barbecho mayor que en la sementera, los cálculos más detallados registran una demanda de trabajo algo más elevada para aquellas. El tipo que parece convenirles e 2,9138 hombres por unidad de superficie y día.

     No es fácil fijar un valor para la demanda de trabajo de la escarda por las razones que ya han sido expuestas. Operando con sus elementos más regulares, que son los que nos han servido para atribuir un salario al peón que la hace (calificación y duración media de la faena), puede ser un índice orientador de su valor 0,5179 trabajadores por día y fanega.

     Por el contrario, para conocer el trabajo que la siega consume la información disponible es la más abundante y la de mayor concordancia. La banda de valores que expresan el invertido en media docena de situaciones está comprendida entre 1,25 y 3,2258 hombres por fanega y día. El tamaño de la cosecha, que oscila con facilidad, sería responsable de las diferencias, mientras que la habitual coordinación de la capacidad productiva dentro de cada cuadrilla podría explicar que las diferencias entre los valores extremos no fuera tan acusada como en otras operaciones. Aunque el valor medio que los casos permiten calcular es 2,1684, los más próximos a la realidad del territorio que analizamos aconsejan preferir 2,8177 segador por fanega y día.

     Las estimaciones del trabajo que se espera de los gavilleros durante la recolección de las que disponemos son demasiado groseras. Afirman, en términos que juzgamos simplificadores en exceso, que su rendimiento es la mitad que el de los segadores. Eso nos obligaría a multiplicar por dos el número de hombres que cada día trabajaran al recaudo de los cortadores del cereal de una fanega (5,6354). Tendríamos que aceptar una baja velocidad en la ejecución del trabajo. No contradiría este cálculo que fuera el ganado de labor, en una alta proporción vacuno, el habitualmente utilizado para el transporte que esta actividad incluye.

     No faltan tampoco aproximaciones muy generales a la magnitud del trabajo combinado de los gavilleros y la gente de la era, aunque sus conclusiones son bastante más moderadas. Se describen explotaciones en las que por cada segador se calcula que son necesarios 1,1 hombres de era y gavilleros. La estimación concuerda moderadamente con la valoración que se hace del rendimiento de la trilla por otra parte. Es muy probable que la forma más común de ejecutarla fuera conducir a los ejemplares de equino de labor sobre la mies esparcida en la era, para que la pisaran reiteradamente, aunque la calidad del producto fuera inferior a la obtenida con el trillo o con el mayal, mucho menos probable. Por este procedimiento se conseguiría, según los cálculos que la fuente permite hacer, que cada hombre aplicado a trillar obtuviera al día un producto de 11,17 fanegas de capacidad. Este volumen puede aceptarse, con algo de optimismo, como el beneficio bruto proporcionado por cada fanega de superficie. Como la siega de cada una de estas consume el trabajo de 2,8177 hombres en la misma cantidad de tiempo, con una proporción como la indicada (1:1,1) estaríamos admitiendo que para gavillar y trabajar en la era son necesarios, en correspondencia, 3,0995. Si descontamos lo que el procedimiento de trilla consume, solo nos quedarían 2,0995 gavilleros. Habiendo aceptado que el trabajo de estos es lento, aunque no tanto como pretende la estimación más general (5,6354), un cálculo como el que antecede, probablemente más cerca de lo que ocurriera, ahora aparentemente sobrevaloraría el trabajo de los gavilleros.

     Pero el procedimiento debemos retenerlo porque nuestras fuentes se muestran más sólidas cuando se refieren al trabajo conjunto de quienes arraciman y transportan los haces de mies y quienes le extraen el grano. Proporcionan para todo el trabajo datos que permiten evaluarlo dentro de una banda que por restringida resulta satisfactoria: entre 2,8571 hombres por unidad de superficie y día y 3,6364. El valor medio, 3,2468, nos permite concluir que para la trilla se emplea al día aproximadamente un hombre por unidad de superficie segada, y que este trabajo consume la actividad intermedia de 2,2468 gavilleros. No obstante, la decisión más acertada, para proceder a posteriores cálculos, creo que será, si los elementos del análisis lo permiten, el tipo conjunto (3,2468) antes que los separados.

     Podemos experimentar ya con el cálculo de los costos del trabajo. En el siguiente cuadro, de las denominaciones del costo de cada día de trabajo, nos hemos limitado a verter a esta unidad de tiempo el primero que elaboramos, referido a las denominaciones salariales.

Trabajador Pegujal Alimento Dinero
Aperador o mayordomo 15 fs / 280 ds 1 / 30 fs 4,25 rs
Casero o guarda 15 fs / 365 ds 1 / 30 fs 2,625
Zagal del guarda 1 / 30 fs 1,75
Conocedor o mayoral 15 fs / 280 ds 1 / 30 fs 3
Boyero 25 js / 280 ds 1 / 30 fs 2,625
Vaquero 25 js / 280 ds 1 / 30 fs 2,625
Yegüerizo 25 js / 280 ds 1 / 30 fs 3
Guarda del ganado 25 js / 365 ds 1 / 30 fs 2,625
Zagal del guarda del g. 1 / 30 fs 1,75
Borriquero o arriero 25 js / 280 ds 1 / 30 fs 2,625
Gañán 25 js / 160 ds 1,5 / 30 fs 2,625
Sembrador 1 / 30 fs 2,625
Bracero o peón 1 / 30 fs 2,625
Capataz 1 / 27,6 fs 5,25
Segador 1 / 27,6 fs 5,25
Gavillero 1 / 27,6 fs 2,625
Gente de era 1 / 27,6 fs 2,625

     Nada hay diferente de uno a otro, excepto las reducciones a que obliga el respeto a la unidad métrica común elegida. La decisión la justifica que el día es el tiempo mínimo para el que efectivamente se anudan relaciones laborales.

     En el siguiente, del valor nominal y en unidades de salario de cada día de trabajo, hemos reproducido su correspondiente anterior, bien que ateniéndonos a la nueva unidad de tiempo.

Trabajador Pegujal Alimento Dinero Total nominal Total en unidades de salario
Aperador o mayordomo 0,85714 0,53333 4,25 5,64047 0,02938
Casero o guarda 0,65753 0,53333 2,625 3,81586 0,01987
Zagal del guarda 0,53333 1,75 2,28333 0,01189
Conocedor o mayoral 0,85714 0,53333 3 4,39047 0,02287
Boyero 0,23438 0,53333 2,625 3,39271 0,01767
Vaquero 0,23438 0,53333 2,625 3,39271 0,01767
Yegüerizo 0,26786 0,53333 3 3,80119 0,01980
Guarda del ganado 0,17979 0,53333 2,625 3,33812 0,01739
Zagal del guarda del g. 0,53333 1,75 2,28333 0,01189
Borriquero o arriero 0,23438 0,53333 2,625 3,39271 0,01767
Gañán 0,41016 0,80000 2,625 3,83516 0,01997
Sembrador 0,53333 2,625 3,15833 0,01645
Bracero o peón 0,53333 2,625 3,15833 0,01645
Capataz 0,57971 5,25 5,82971 0,03036
Segador 0,57971 5,25 5,82971 0,03036
Gavillero 0,57971 2,625 3,20471 0,01669
Gente de era 0,57971 2,625 3,20471 0,01669
63,95156 0,33307
3,76186 0,01959

     Como en aquel, hemos decidido convertir todas las denominaciones en moneda de cuenta, primero, para por agregación expresar el valor íntegro de cada día de trabajo. Después, cada valor nominal del costo del trabajo lo hemos convertido en unidades de salario. Como para esta experiencia hemos tomado 12 fanegas de trigo como unidad de salario, su valor nominal (12·16 = 192 reales) nos ha permitido la operación.

     Así como el ingreso anual amplía las diferencias entre las clases de trabajador, la percepción tipo diaria que cada uno puede conseguir las reduce a una secuencia muy corta; tan reducida que casi podemos afirmar que el desembolso diario en dinero se atiene universalmente a un valor muy próximo a 3 reales. Si al costo diario medio (3,76186) le deducimos los valores del alimento mínimo (0,53333) obtenemos una cifra muy próxima a aquella frontera (3,22853). Legitima la deducción, en relación con los hechos, que el alimento es un costo absorbido por el almacén de la explotación. En condiciones normales, procede de la reserva de grano de la cosecha del año precedente como mínimo. Es capital en forma de mercancía que con esta ocasión encuentra su oportunidad para la venta. Cada trabajador la compra pagándola con su trabajo, del mismo modo que adquiere especie monetaria a cambio de este. El peculio solo se distingue del alimento en que carga, al menos en la forma, sobre el producto presente y no sobre el pasado. Pero igualmente se adquiere comprando la mercancía con trabajo, que necesita de la mediación del capital fijo cuando toma la forma de pegujal. El costo del trabajo efectivamente desembolsado cada día sería por tanto una cantidad muy próxima a 3 reales por trabajador, liquidable en la moneda corriente.

Volvamos sobre el costo en tiempo que el cultivo de cada fanega tiene. Más arriba lo agrupábamos en tres bloques: el de gestión y ganadería, que consumiría un total de 1,44 jornadas; el de sementera, barbecho y escarda, a los que habría que dedicar 1,56, y el de recolección, que necesita el esfuerzo de 9 jornales.

     Hemos reducido los salarios nominales de cada especialidad, utilizando una media aritmética simple, a un valor concordante con los tres grupos que la información de la que disponemos nos obliga a mantener. Para obtener el salario medio del primer grupo, el de gestión y ganadería (3,57309), hemos tenido en cuenta los diez primeros de nuestros cuadros (de aperador a arriero). Para el segundo (3,38394), los tres siguientes, y para el tercero (4,51721) los cuatro últimos.

     El producto de la cantidad de tiempo que requiere el trabajo de cada bloque por su salario medio nominal nos proporciona el costo del capital variable por cada uno: 5,14525, 5,27895 y 40,65489 reales. La suma de los tres, 51,07909 reales, sería la expresión nominal del costo, en concepto de trabajo, de cada unidad de superficie puesta en cultivo. En unidades de salario el costo sería de 0,26604 (51,07909 / 192).

     Puede ser más eficaz expresarse en términos prácticos. Para cubrir el gasto originado por el trabajo serían necesarias 3,19244 fanegas del producto bruto (51,07909 / 16). Con un rendimiento de 8 fanegas por unidad de superficie, como hemos supuesto en otras ocasiones, el costo del trabajo absorbería casi el 40 % de la cosecha obtenida.

     El costo del trabajo por unidad de superficie, que nos remite de un salto al costo de toda la campaña, puede ser una medida demasiado grosera. Nos obliga a tantas síntesis que dejamos en el trayecto los pesos específicos de los tipos reales. Como disponemos también de la demanda de tipos de trabajo por unidad de superficie y día, podemos ensayar otro cálculo del gasto que origina este factor. A la vez que puede ser más preciso, nos permitirá, por concordancia, verificar hasta dónde alcanza la precisión del otro procedimiento que las fuentes toleran.

     A continuación sintetizamos las piezas que permiten comprobar la utilidad de esta segunda solución. Junto a la relación de las actividades para las que podemos contar con los factores que facultan para el cálculo, en la primera columna de valores figura el número de trabajadores del tipo correspondiente que cada fanega demanda. Para la segunda, tomamos del último de los cuadros anteriores el valor nominal del salario por día que a cada actividad debe adjudicársele.

Trabajos Trabajadores /fanega Salario / día Producto
Trabajos anuales
Gestión y ganadería 0,0376 3,57309 0,13435
Trabajos de temporada
Sementera 2,5496 3,49675 8,91531
Barbecho 2,9138 3,83516 11,17489
Escarda 0,5179 3,15833 1,63570
Siega 2,8177 5,82971 16,42637
Gavillas y era 3,2468 3,20471 10,40505
Total 48,69167

     También en este caso estamos obligados a algunas síntesis. La que se refiere a los trabajos anuales, que ya antes decidimos, no es la más trascendente. Aunque es la que incluye el mayor número de actividades, el escaso valor relativo de este grupo de costos tiene una incidencia muy limitada en el resultado final. Un cálculo equivalente, trabajo a trabajo, que las fuentes nos permitirían intentar, apenas cambiaría el valor síntesis, al que ahora concedemos prioridad. De los demás, solo para la sementera y los trabajos posteriores a la siega tenemos que aunar valores. En cualquiera de los casos se trata de una media aritmética simple, tal como antes, de solo dos valores específicos.

     El resultado es satisfactorio. Según este análisis, sería necesario afrontar, por cada fanega puesta en cultivo, un gasto nominal de 48,69167 reales en concepto de trabajo. Su valor en unidades de salario sería 0,2536, también muy próximo al obtenido con el procedimiento anterior.

     Aunque los dos están evidentemente emparentados, porque utilizan los mismos factores, dada la mayor fidelidad al detalle del segundo, estamos en la obligación de concederle más crédito a su resultado. Es cierto que seguir la otra vía de cálculo, más rápida, en modo alguno nos conduciría, no ya a resultados erráticos, sino ni siquiera imprecisos. La comparación entre ambos aísla como principal diferencia la sobrevaloración del tiempo dedicado a los trabajos de gestión y ganadería, en la que se incurre con el primer procedimiento, en relación con el segundo. Ahí parece estar la mayor responsabilidad de la diferencia de los 2,38742 reales (51,07909 – 48,69167) que se observa en el valor nominal de todo el costo.

No es necesario recurrir a nuevos argumentos para aceptar que el salario denominado solo en dinero, el de los destajistas, sería mucho más estable que el regulado incluyendo la comida, que debía satisfacer la actividad que era necesario sostener a lo largo de todo el año si se pretendía aspirar al producto. Cualesquiera que fuesen las variantes del menú, si el pan era su constante, el costo del trabajo contratado sería función directa de las oscilaciones del precio del trigo, la materia prima a partir de la cual se fabricaba el pan con el que se atendía el consumo de trabajo en el campo. Sabiendo que el precio del grano podía alcanzar, en situaciones críticas, precios desorbitados, el costo de esta modalidad de trabajo, la estable e imprescindible para obtener el producto del año, podría llegar a ser insostenible.



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