Técnicas primarias

J. García-Lería

En el espacio de los cortijos, el cultivo de las legumbres, más que un innovador, era indirectamente más inversión en ganado, y el abonado, al que se podía aplicar una gama razonablemente amplia de recursos, adquiridos gracias a una dilatada experimentación con las propiedades de un buen número de productos naturales, según todos los indicios en casi todas las explotaciones se limitaba a la materia orgánica que proporcionaba el ganado propio, tanto el de trabajo como el de cría. Para agregarla a la tierra con el menor costo bastaba con que pacieran los rebaños la parcela que luego sería cultivada, lo que tenía el defecto, en el caso del cultivo primordial, de reducir el calendario del posible aprovechamiento. Si se recurría a la que se obtenía del ganado estabulado o del retenido en el aprisco, limitaba su uso el costo de su transporte a la parcela y sobre todo el penoso trabajo de su dispersión por toda su superficie.

     La selección de la simiente no era propiamente una iniciativa inversora, ni por tanto estaba en condiciones de marcar diferencias a los rendimientos. Se había consolidado como el efecto espontáneo de la acción controlada, a largo plazo, de las leyes de la genética. El procedimiento selectivo que a la semilla de trigo se aplicaba, alentado por un principio naturalizado por el sistema, que solo la semilla de la tierra prevalecía, incuestionado en la época, consistía en elegir las mejores espigas cuando el fruto ya había alcanzado su sazón. Para designarlas bastaban las apariencias, que estuvieran bien formadas y que sus tallos fueran fuertes, criterios de los que hacían exhibición  sacralizada en las procesiones públicas que celebraban la obra de la primavera. De las elegidas, se cortaban la punta y la base, que se desechaban, y se conservaba el tercio central, donde se concentraban los mejores granos. Llegado el momento oportuno, las fracciones que se habían guardado se desgranaban y se sembraban en una parcela escogida, donde de nuevo fructificarían. Encadenadamente, del mismo modo se procedía durante unos pocos años, al cabo de los cuales en efecto se conseguían granos sementales altamente adaptados a las características del suelo de la explotación.



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