Reserva de trabajo y migraciones. 2
Publicado: noviembre 24, 2022 Archivado en: Redacción | Tags: crisis Deja un comentarioRedacción
En un año de crisis, a consecuencia de la falta de las migraciones estacionales, el déficit de riqueza que se produjera se incrementaría de manera vertiginosa. En 1750 el consumo de trabajo agropecuario tuvo que hundirse, un fenómeno en absoluto desconocido. Como la manutención y alimento de los trabajadores, en una población, en 1737, asimismo año crítico, consistía principalmente en las faenas que demandaban los labradores, dicen las fuentes, a partir de abril los más abandonaron el pueblo. Fue tan crecido el número de los emigrantes que disminuyó el vecindario en más de una mitad. Los que en 1737 a partir de abril abandonaban el pueblo se mudaron a la capital con sus familias, donde por esta causa se originó el problema de mayor magnitud. En 1750 el excedente de trabajadores de nuevo provocó cambios en los previsibles movimientos de población, y de nuevo en la capital tuvieron que hacer frente al alud. Como allí se encontraba mayores amparo y hospitalidad, el número de los que acudían a la capital a pedir beneficio en 1750 resultó excesivo.
En cuanto a los inmigrantes que cargaban con la recolección, aquel año no habría lugar ni siquiera a los desplazamientos previos del invierno para cerrar sus contratos. Otra parte de los movimientos tal vez tuviera su origen en una decisión política. A partir del momento en el que las autoridades públicas decidían racionar el consumo del pan en las poblaciones, para excluir bocas que creían excedentes por inútiles, provocarían una forma de emigración exclusiva de aquellas situaciones.
La evaluación del alcance económico de este cambio en las pautas de los desplazamientos también podría presentarse como costo de la migración, tanto para las poblaciones que prescindían temporalmente de una parte de su trabajo, y por tanto de las rentas que genera, como para las poblaciones receptoras, que recibían masas extraordinarias de inmigrantes que, al tiempo que generaban más costos, tenían más limitadas sus expectativas de obtener ingresos. Era difícil calcular, según nuestras fuentes, las necesidades que se creaban en la capital, porque a ella se acogían todos los necesitados de los demás reinos del sur, a consecuencia de la inmigración extraordinaria.
Pero, dado el comportamiento regular de los mercados de trabajo, cuando faltó una buena parte de las tareas de la invernada el problema se concentró en la parte cerrada de las poblaciones, la que en cualquier caso eludía la emigración. A principios de abril, en las grandes poblaciones de la campiña la preocupación se concentraba en que para entonces los trabajadores habían sido despedidos de sus respectivos trabajos en los cortijos. A consecuencia de la seca, que desde hacía tanto tiempo se venía padeciendo, que impedía toda clase de actividades, ya hacía muchos días que estaban sin el jornal diario los braceros de estos lugares. El déficit de trabajo, que a principios de la primavera afectaba sobre todo a quienes eran ocupados en la escarda, se convirtió en un problema público. En algunos mercados locales, la caída de la actividad degeneraría en tumultos, precursores de formas de protesta laboral más características de poblaciones cuyas economías terminaron acomodadas a la expansión de los mercados, grado de la civilización que solo se generalizó en tiempos más recientes.
Al día 2 de abril corresponden los primeros hechos inquietantes en la población donde estas protestas pueden conocerse con cierto detalle. Era por la mañana cuando a la casa donde vivía su síndico procurador general, el responsable de la defensa de los intereses públicos en el gobierno de la población, se arrojó gran tumulto de gente trabajadora. Demandaba de él que en ejercicio de su condición de síndico y padre de pobres solicitase para ella, porque perecía, limosna, pan o en qué trabajar. Otros informes, menos comprometidos con una parte del conflicto, identifican como protagonistas de estos hechos a algunos trabajadores a los que acompañaban muchos más.
El procurador fue desde la casa donde vivía a las capitulares con la intención de tratar el problema con los regidores que allí hubiera. Pero cuando llegó encontró a las puertas de la casa del municipio el mismo tumulto. Subió a la sala y en ella solo había algunos regidores, con los que efectivamente trató el asunto. Pero, como no eran suficientes para celebrar cabildo, decidieron que se convocase a todos para el día siguiente, viernes, con el fin de analizar la situación y decidir lo que fuera más conveniente.
Sobre las diez de la mañana le fueron notificados los tumultos al corregidor, la primera autoridad judicial y ejecutiva de la población. También supo que había algunos capitulares en el ayuntamiento con quienes podría reflexionar sobre lo que para aquel momento pareciera más conveniente. Cuando subía a la sede del municipio, encontró muchos hombres del campo congregados en la plaza. Estos, al verle, se fueron acercando a las casas capitulares. Uno de ellos se adelantó y dijo en voz un poco alta: “Solo un cuarto hemos juntado hoy”. El corregidor le hizo entender que subía a la sala a tratar de remediar su situación. Pero cuando entró, y encontró pocos capitulares, también decidió diferir la conferencia y las decisiones para el día siguiente, y procedió a la convocatoria formal correspondiente.
Al día siguiente, 3 de abril, el corregidor, ante los reunidos en el capítulo civil, reconoció que la necesidad era mucha, habían faltado en parte los socorros necesarios y algunos trabajadores habían encontrado un argumento en esta carencia. Invitó a los reunidos a que resolvieran lo que les pareciera conforme a su obligación, piedad y atención a lo que habían expresado los trabajadores. Los reunidos decidieron aplazar sus conclusiones a cuando hubieran terminado los registros de trigo que se estaban haciendo, una iniciativa combatida por la administración central en la que sin embargo persistían las autoridades locales. Se trataba de averiguar cuánto trigo había guardado en todos los almacenes de cualquier clase que hubiera en la población con el objetivo de incautar el que fuera necesario para garantizar la subsistencia. Sería entonces cuando se podrían dar con pleno conocimiento las providencias que a la institución correspondían.
Por el momento, no obstante, creyeron conveniente contener la osadía que comenzaba a manifestar la gente trabajadora, sin más justificación que el propósito de mantenerse a expensas de las limosnas muchos que no las necesitan, y quienes, aunque hubiese que trabajar, no solían hacerlo. Aquel mismo día aquella asamblea de gobierno había sido informada de que había bastantes hombres que se habían excusado de trabajar en las viñas con un jornal de trece cuartos y todo el vino que pudiesen beber. Para contener este atrevimiento, acordaron solicitar al coronel del regimiento de Santiago que pusiera dos piquetes, uno en las casas capitulares, de doce hombres y un cabo, y otro en la plaza del Altozano de otros doce hombres y otro cabo, para que estuvieran día y noche a disposición de las justicias, con el fin de contener cualquier desorden y para que siempre a las justicias se les guardara el respeto debido.
No consta que estos hechos conocieran mayores complicaciones. Parece que en aquel momento tuvo más capacidad movilizadora la amenaza a la subsistencia que la pudiera hacer peligrar el empleo.
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