Ibn Jaldún

Redacción

Abd al-Rahman Ibn Khaldun, de ascendencia sevillana, nació tunecino en 1332 y vivió como máximo hasta 1406, si bien hay quien pretende que su muerte ocurrió en 1382. Fue uno de los notables viajeros medievales. Su facilidad para el desplazamiento está en parte justificada por la relativa unidad que entonces caracterizaba al mundo islámico.

     Es el autor de dos obras notables, una Historia de los árabes, los persas y los beréberes y una singularísima Introducción a la historia universal, igualmente conocida con el título de Prolegómenos a la historia y de manera abreviada con la voz árabe Mukaddima. La primera, con ser un trabajo de gran valor narrativo, porque su relato lineal es muy rico en información, es sobre todo apreciada por su permanente atención crítica a las fuentes que consulta, lo que ya es suficiente para convertirlo en un escritor singular. Su preocupación por esta parte principal del relato histórico, así como su reflexión sobre los métodos que deben ser utilizados, son permanentes, porque son comunes a todos sus textos conocidos. Llegó a crear un método propio para distinguir lo verdadero de lo falso, si bien relacionable con el pensamiento aristotélico. Empieza por enumerar todas las clases de error y de mentira y sus posibles causas, entre las que identifica, además del particular espíritu de cuerpo o asabiyya, la ignorancia, la presunción o la credulidad. Pero en segundo lugar, muy juicioso, ajusta el principio de verdad que debe inspirar el relato histórico al criterio de verosimilitud. Su conocimiento de las fuentes es amplio y penetrante, su capacidad para criticar la información que maneja, notable.

     Pero su obra más estimada es la Introducción a la historia universal porque sin exageración marca una época. En el prefacio de esta obra elabora algo excepcional para su tiempo, una teoría general de los estados árabes basada en sus respectivas historias aunque de inspiración cíclica, como la de Polibio. Puede ser resumida así. Los pueblos de las estepas y los desiertos conquistan las tierras cultivables de los pueblos sedentarios para fundar extensos imperios. Estos son por su parte destruidos por otras invasiones de pueblos nómadas, que proceden de las mismas tierras de donde procedían los primeros conquistadores; lo que ocurre pasadas unas generaciones, cuando los nuevos reinos ya han perdido su vitalidad.

     A partir de aquí generaliza con atractiva facilidad. La causa geográfica es de notable responsabilidad en los cambios sociales y su análisis debe concentrarse en las diferencias entre pueblos nómadas y sedentarios. Conseguida la prevalencia de unos sobre otros del modo que queda explicado, la grandeza de los estados que resulten dependerá de la reiterada asabiyya de la tribu donde esté la dinastía, mientras que la persistencia en la vida nómada, que origina parasitismo, saqueo y anarquía, da como fruto la decadencia.

     Pero aún se arriesga a abstraer hasta una teoría de la historia. “ Has de saber -dice- que el verdadero objeto de la historia es instruir acerca del estado social del hombre, de la civilización, de las costumbres, de las manifestaciones del espíritu de cuerpo, de las diferencias de poder y de fuerza entre los hombres […], del trabajo, de las riquezas, de las ciencias y de las artes […] ”. Por esto se ha dicho que para Ibn Jaldún la materia histórica era la cultura del mundo, y que el suyo era el más ambicioso o extenso planteamiento del objeto que esta clase de narración debe proponerse hasta que Voltaire lo hiciera en términos similares. En realidad más bien parece que su dictado teórico pretende concentrar la atención en el análisis de los factores que hacen posible los cambios en las sociedades, sin mostrar preferencia por una clase de ellos, para explicar cómo ocurren las grandes transformaciones a lo largo del tiempo; que concibe la historia como una recopilación de datos sobre la organización social.

     Sin embargo, su dictado teórico no suele afectar a su relato, que por lo común no está guiado por la búsqueda de una explicación para los hechos que expone. Con su valiosa manera de teorizar sobre la realidad habría contribuido sobre todo a interpretar la literatura histórica, y en su manera de proceder, más que en la explicación de sus ideas, algunos han advertido una clara distinción entre el relato histórico o descripción de los hechos y el cuerpo de conocimientos que sobre esta base podía ser elaborado, cuyo objeto principal sería el estudio de cómo ocurren los cambios.

     Ibn Jaldún debe ser considerado el historiador más eminente del mundo árabe medieval. Pero es un caso aislado, sin relación con sus predecesores en árabe ni una posterior influencia digna de consideración. Él mismo, impotente pero con plena lucidez, analiza la decadencia de la historiografía árabe con la que convivió. Su método permaneció ignorado y por tanto sus repercusiones historiográficas fueron prácticamente nulas. Aunque su obra sea con acierto considerada el precedente de la que después escribiera Jean Bodin, no está demostrado que este llegara a tener conocimiento de lo que dejara escrito nuestro autor. Su obra pues no influyó sobre la cultura occidental. Lamentablemente sus trabajos solo pueden ser estimados como una anticipación de los motivos que mucho después serían objeto de reflexión teórica. Fue descubierto para la cultura occidental a mediados del siglo XIX y hoy se le considera un precursor admirable de la introducción al método de la historia.



Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.