Réplica

Sansón Galilei

Desde la infancia, gracias a los programas para la detección precoz de enfermedades y malformaciones ocultas, cargo con la conciencia de un ojo vago, que en nada demora mi percepción de las monstruosidades.

     Con B. Desmoulins he intercambiado, en más de una ocasión, puntos de vista sobre asuntos de interés común. Nunca nuestros encuentros han sido previstos. Por ser fortuitos, han sido más vivos que las polémicas organizadas, que prevén las conclusiones. Hemos discutido sobre metrología, crédito, gobierno de los municipios, límites de los términos, demora en el pago de las rentas por cesión de las tierras. Raras han sido las coincidencias de opiniones.

     El último intercambio de juicios sobre la jornada laboral no me ocupó más que el tiempo que consumió nuestro encuentro. Solo cuando he tenido noticia de su diatriba, de tan escasa autoridad, tan intolerante, lo he recuperado. No deseo prolongar innecesariamente una polémica que me parece de escasa utilidad, pero sí deseo acogerme al derecho de réplica que en esta ocasión, creo, me asiste. La limito a un testimonio que me parece incontestable, sostenido por la potestad legislativa de Pedro I de Castilla, alguien del que nuestro B. Desmoulins, según me ha confesado en más de una ocasión, percibe la atracción que irradia del perdedor.

     En 1351, con ocasión de las Cortes de Valladolid, tomó decisiones sobre los trabajadores manuales que se solían alquilar. La expresión que utiliza para referirse a ellos deja al margen, con la eficacia de la palabra precisa, a los que trabajaran sin la posibilidad de obtener una renta a cambio del esfuerzo hecho en beneficio de otro. Su objeto serían solo los que ceden su trabajo por una duración acordada, de los que ni siquiera reconoce que todo su tiempo lo emplearan con aquel provecho. Solo deja a salvo que en su caso era lo más probable.

     Además de carpinteros y albañiles, menciona, como trabajadores que acceden a esta modalidad de relación, a peones, obreros, obreras y jornaleros, los que de antemano podemos reconocer como activos agrícolas esporádicos. Tampoco los artesanos especializados, como los dos que cita expresamente, serían ajenos al trabajo en el campo cuando trabajaran bajo aquellas condiciones. Es probable que ni los cualificados ni los que carecían de formación específica, gracias a las rentas así obtenidas, accedieran a los bienes patrimoniales que les permitieran avecindarse en el lugar donde vivieran. El rey, de antemano, a todos los considera solo moradores.

     Mandó que a las plazas en las que acostumbraban alquilarse, del lugar donde residieran, cada día salieran con sus herramientas y su vianda en rompiendo el alba. Así se desplegaría el mercado diario en el que ofrecían su trabajo, como por días lo venderían, y así comparecerían ante sus demandantes, como los soldados a los alardes, ya equipados para emprender la faena en cuanto fueran contratados. Se actuaría de aquel modo para que abandonaran la población de partida, con el fin de hacer las labores para las que hubieran sido alquilados, en saliendo el sol. Trabajarían durante todo el día y retornarían de sus labores en el momento que les permitiera llegar de vuelta a la población en poniéndose el sol.

     Hasta aquí podría admitirse parcialmente el punto de vista de B. Desmoulins. Sin duda, quienes tenían que desplazarse al campo, el tiempo que dedicaban al trabajo cada día incluía el de la transacción que terminaba en contrato y el de los trayectos de ida y vuelta.

     Pero, por aquella misma moción de las Cortes, el rey también decidió que quienes trabajasen en la población donde fueran alquilados tendrían que emprender la actividad desde el momento en que es ello el sol, y debían dejarla cuando se pusiera. Creo que es concluyente. Nada dice la norma de intervalos o descansos. Claro que habría un tiempo dedicado a la comida. Pero no hay indicio de que el peculiar Pedro I, que algunos han valorado como anticipador prematuro de las innovaciones, razón que le habría valido la crisis que dio origen a su trágico final, hubiera previsto evitar intemperie alguna.