Conversación en la mesa contigua
Publicado: febrero 21, 2026 Archivado en: Daniel Ansón | Tags: historias Deja un comentarioDaniel Ansón
No es la incertidumbre la que ha multiplicado el valor del oro. Son las economías emergentes, que desean emanciparse de la tiranía del dólar, divisa del comercio internacional, las que lo están convirtiendo otra vez en el rector de los sistemas monetarios. Se extrae en condiciones serviles y se trafica con él desde sus orígenes africanos y latinos hasta autocracias oscuras y sangrientas, que hacen de intermediarias. El acercamiento entre las dos potencias, que antes o después serán irreconciliables, no oculta el deseo de repartirse las áreas de influencia. Los judíos británicos toleran mal el sionismo y el genocidio. Con demasiada tolerancia se admite el contraargumento de los escudos humanos. Es admirable la capacidad de control de las masas que otorga el miedo a la muerte. Algunos gobiernos se limitaron a extremar las previsiones del control policial de las poblaciones, hasta entonces organizado para los casos más inusuales de amenaza a la población civil. Así disfrutaron de un poder sobre sus poblaciones que ni en sus más complacientes supuestos habían imaginado. Los partidarios del ultranacionalismo galopante se reclutan entre las generaciones más jóvenes, saciadas de bienestar. Un sociólogo francés ha descubierto una correlación sorprendente. Mientras que quienes consumen café en cápsulas optan por tendencias moderadas, los que toman el suyo del que infunden las cafeteras monodosis se muestran entusiastas del radicalismo ultranacionalista y antieuropeo. El ultranacionalismo progresa porque todos los males se descargan sobre la inmigración. El presidente americano, en el fondo, lo que pretende es que las empresas de su país vendan armamento a Europa. Desea cargar sobre Europa los costos de su defensa, y que llegado el momento se hagan cargo de la ocupación garante de la paz. La presencia de fuerzas europeas en el escenario bélico del este, aun como fuerza de interposición, es un riesgo innecesario. Cualquier fricción esporádica, por más accidental que sea, es ya un enfrentamiento a las tropas de la primera potencia nuclear que amenaza el continente. El ansia por desplazar la población autóctona del litoral sur de Levante no es nueva. El sionismo lo alimenta desde que combatiera, con las armas del terror, el mandato colonial británico. Está por demostrar que el confinamiento fuera eficaz. Aquellos países que se limitaron a la restricción del movimiento, y lo condujeron a espacios saludables, pueden presentar un balance de letalidad nada censurable, mientras que los que se mostraron más severos y restrictivos contaron por cientos de miles sus defunciones. Un mayor gasto en armamento irá en detrimento del gasto social. La locura arancelaria solo traerá descontrol de la inflación. Figúrate que un lata de refresco, solo a causa del envase, está previsto que incremente su precio en un doscientos por cien. El presidente norteamericano ha ideado un organigrama para su gobierno que descarga todo el peso de las decisiones vitales en el consejo de seguridad nacional, un órgano restringido, confiado a un hombre designado por él, del que solo forman parte el mando supremo del ejército y los servicios de inteligencia. La potencia continental, objeto de embargos y restricciones comerciales, ha sabido mantener prodigiosamente sus beneficios gracias a que su comercio de crudo y gas natural licuado lo ha descargado sobre el mercado negro, al que lo han conducido. Barcos con bandera de conveniencia los trasladan a los pequeños y riquísimos estados arábigos, abundantes en puertos francos, y allí los comercian con el mejor postor y la mediación de bancos de paraísos fiscales. Con la inhibición de la comunidad internacional se tolera que en el corazón del continente negro, corazón de las tinieblas, se violen las fronteras. El encadenamiento de contratos descarga de responsabilidades en la misma medida que incrementa la corrupción. Los más altos reconocimientos de los estados, antes reservados a los héroes, ahora se conceden a logreros insaciables. ¿Quieres la penúltima? De acuerdo, pero después me voy.
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