Tiempos de Joram

Gedeón Martos

Esto ocurrió durante el cerco que Ben Hadad, rey de Aram, impuso a Samaria durante el reinado de Joram de Israel, cuyo gobierno ocupó los años comprendidos entre 852 y 841. Cierto día, mientras hombres y mujeres de la ciudad sufrían el cerco, el rey de Israel decidió pasear por la muralla. Al verlo, una mujer en tono de súplica le solicitó: “Sálvame, mi rey, mi señor”. Le respondió el monarca: “Si Yavé no te salva, ¿con qué puedo salvarte yo? ¿Con la era o con el lagar? Mas dime ¿qué te ocurre?”. Ella le respondió: “Esta mujer me dijo: ‘Trae a tu hijo y lo comemos hoy, y el mío lo comeremos mañana’. Cocimos a mi hijo y nos lo comimos, y al otro día le dije: ‘Trae a tu hijo y lo comeremos’. Mas ella lo ha escondido”. Comer carne humana durante los asedios no era infrecuente.

     También ocurrió durante aquel reinado que Mesá, rey de Moab, fue cercado en Quit Jeres por las tropas lideradas por Joram, a las que se habían coaligado para aquella campaña las de Josafat de Judá y las del rey de Edom.

     Viendo Mesá que los ejércitos avanzaban seguros hacia la victoria, porque a punto estaban de someterlo, y que frente a ellos no conseguiría abrirse camino hacia Aram, cogió a su hijo y lo alzó sobre las murallas de la ciudad. Allí lo sacrificó, a la vista de la fuerza que lo amenazaba, quemándolo en holocausto.

     Precisa la mayor parte de las fuentes que se trataba de su único hijo, el primogénito que había de sucederle en el trono, aunque algunos sostienen que el sacrificado fue su hijo pequeño. Obró así a causa del asedio a que estaba siendo sometido, con la pretensión de evitar una derrota a manos de Israel y porque juzgaba que de este modo se conciliaba con Kemós, el dios de Moab.

     Como esperaba, Kemós desató tan gran cólera entre los suyos que hubieron de derramarla contra las tropas de la coalición encabezada por los israelitas. Es posible que el sacrificio del príncipe heredero llenara de tal coraje a los sitiados que estos, en un esfuerzo desesperado, lograran además rechazar a los invasores. Más verosímil es que los aliados levantaran el asedio de Quit Jeres porque quedaran desalentados al ver el coraje del rey de Moab, así como a consecuencia de un miedo supersticioso a los resultados que pudiera tener aquel feroz juramento de Mesá a Kemós. Los sitiadores no tuvieron más que alejarse de allí y volver a sus países, puesto que Mesá había conseguido horrorizarlos con algo extraordinario.



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