Canaán
Publicado: junio 25, 2015 Archivado en: Recopilador | Tags: constitución Deja un comentarioRecopilador
Hay que reconocer que quienes con generosidad inmolan su esforzada vida activa para acrecentar cuanto pueda saberse sobre la antigüedad anterior a la invención de la escritura trabajan con escasísimos medios de enjuiciamiento. El principio de autoridad, en muchas ocasiones, cuando deben conjeturar, se les impone, antes incluso de que estén en condiciones de accionar criterios propios que les permitan llevar a otro lugar sus propias observaciones. La fortuna previsible para las teorías del admirable Gordon Childe puede ser a este propósito una excelente lección. Es el autor de las ideas sobre el neolítico que ya deben ser consideradas patrimonio de la cultura humana en absoluto. Mas están fundadas en principios del comportamiento humano que casi excluyen la inteligencia del ser racional, y en generosas cronologías que ni aun fundadas en los más flexible criterios geológicos pueden ser tan titánicas. Llegará el día, si es que no ha llegado ya, en que tales frágiles principios quiebren, no obstante ser encomiable su resultado teórico, y seductora su lectura.
Pero, sin discutir el fondo de esta teoría, para comienzos del tercer milenio desprendimientos del supuesto tronco común semita ya consumados, así como los movimientos autónomos de los grupos independizados, son dados por seguros dos. Se sostiene aún de modo que en lo fundamental no es discutido que fue el de los acadios el primero, precisamente. Luego también habrían emprendido su inevitable marcha del grupo original, como el hijo que ha crecido y del padre debe separarse, los amorritas, que durante el tercer milenio están ya asentados en Siria, para luego al menos en una parte aventurarse en una incursión por la región de los dos ríos, la misma que les habría llevado nada menos que a innovar su geografía con la fundación de Babilonia, hecho de cuya trascendencia sin embargo no debe juzgarse por lo que tiempo después ocurra. De lo contrario podría incurrirse en abusos como el que justamente perseguimos.
Para proporcionarse estado de certeza, quienes han tratado del origen de estos pueblos y de sus movimientos solo la información escrita han tenido por ahora como autoridad, porque siendo la más precisa ha sido el criterio de la lengua el que hasta aquí se ha usado para aprobar la segregación con identidad propia de unos y otros pueblos. Y ocurre que la información escrita, para aquel momento, y aun para casi todo el tercer milenio, está concentrada en el área cultural sumeria, la zona en general correspondiente a la baja Mesopotamia, porque de allí es originaria la escritura. A lo largo del cuarto milenio había sido creado en Mesopotamia un sistema de contabilidad que terminó dando origen a la escritura. Pictográfica en un primer momento, cuya fecha se puede estimar hacia 3200, a finales de aquel milenio alcanzaría el estadio de la escritura fonética, el que permite que los signos copien la lengua. A partir de entonces fue posible dejar constancia del objeto de una transacción no solo mediante su imagen, sino también mediante su desdoblamiento como nombre; y otros nombres, y verbos, y hasta expresar ideas completas consintió. Cupo también a Uruk la fortuna de ser el lugar donde tuvo su origen la escritura que con el tiempo sería llamada cuneiforme.
Como es indiscutible que la lengua acadia es la primera versión escrita de la lengua sumeria, a su vez la primera que fue puesta en cuneiforme en Mesopotamia, ha sido establecido como algo cierto que los acadios, que sin duda son grupo independiente porque toman su nombre de una ciudad que no puede ser más que un hecho de población separado, como dejan rastro de una lengua con seguridad semita, tuvieron que ser los primeros desprendidos del supuesto tronco común que hasta entonces sería aquel pueblo; imagen del árbol injertada con avisada previsión para la posterior lección demostrativa del parentesco entre las lenguas que genéricamente así son llamadas. Es un orden supuesto para los hechos que está basado en una abusiva aplicación retrospectiva de un acontecimiento, porque la consecuencia extraída no mantiene ninguna relación de necesidad con la premisa. Otro medio para precisar el origen de los semitas en la región de Mesopotamia debiera ser usado, porque el de la escritura, que es cierta cuando es leída, no es por sí concreta precisión del tiempo. Al contrario, es natural propiedad de lo que escrito queda pasar el tiempo.
Una derivación de la existencia del acadio, de cuyo interés habrá ocasión de juzgar según vaya siendo necesario desplegar cada explanación que el dilatado problema de las prácticas del tofet exige, es otro hecho que sí está legítimamente fundamentado. Palestina empezó a ser en parte una porción del mundo semita a fines del tercer milenio porque también fue comunicada con la cultura escrita a través de aquella lengua. Ya sabemos que es probable que estuviera en el mundo de la escritura jeroglífica desde antes, aunque testimonios decisivos, como en el caso de Biblos, no haya. La proximidad lo permitiría y habría que tomarlo por una consecuencia esperable en un mundo en el que mientras las relaciones fueron con preferencia terrestres tenían que ser lentas. Pero probablemente la recepción de la escritura jeroglífica fuera en Palestina más casual y exógena que en este otro caso. En aquella región han sido encontradas tablillas escritas en lengua acadia en estratos con seguridad fechables en los tiempos de los que ahora hablamos, de modo que como juzgamos correcto es el yacimiento el que proporciona la seguridad cronológica y no la escritura.
De ahí han sido extraídas consecuencias sobre el poblamiento semita de Palestina que, si bien tampoco son definitivas, sí están sostenidas sobre la base cierta del testimonio escrito bien datado. La deducción que a continuación presentamos, siempre que se mantenga en los límites de lo posible y no sea argumento al servicio de la exclusión de otras gentes que pudieran haber poblado aquella tierra, es admisible. Puede en consecuencia aceptarse como algo adecuado la denominación Canaán, desde 2100 como muy tarde, para la mayor parte del territorio de Palestina. Aceptar así determinada tradición literaria, si bien puede que no sea del rigor que guste, no estorba al fin propuesto, y tiene la ventaja de que separa con una palabra distinta para el texto, no tanto lo que pudo ser un cambio en los acontecimientos, sino un tiempo nuevo. Por la misma razón también debe ser admitido que para entonces ya allí podían existir habiru o apiru, apelativo étnico que bien podría serle adjudicado a aquella parte semita de la población palestina, y que muy probablemente pudo dar origen a la palabra hebreo de los textos que tienen su origen en la literatura sagrada. El nombre Israel, que por ahora relación cierta ninguna mantiene con cualquiera de los asuntos de los que estoy hablando, solo es conocido como nombre individual durante el tercer milenio en Ebla.
Comentarios recientes