Jefté
Publicado: marzo 25, 2015 | Autor: jgarcialeria | Archivado en: Gastón Barea | Tags: constitución |Deja un comentarioGastón Barea
He aquí las consecuencias que los cultos a dioses distintos a Yavé trajeron para el sucesor de Yaír, el valiente guerrero Jefté, también galaadita, hijo de una prostituta; aun después de que hubiera venido sobre él el espíritu de Yavé, hubiera recorrido Galaad y Manasés, y pasado por Mispá de Galaad.
Estando ante los ammonitas hizo el siguiente voto a Yavé:
–Si entregas en mis manos a los ammonitas, el primero que salga por las puertas de mi casa a mi encuentro, cuando vuelva victorioso de los ammonitas, será para Yavé y lo ofreceré en holocausto.
Era dueño Jefté de un buen número de esclavos, y cuando hizo aquel voto, sin que pensara del todo en lo que decía, convencido estaba de que un esclavo sería la encarnación de su ofrenda.
Fue Jefté al encuentro de los ammonitas, los atacó y Yavé los puso en sus manos. Los derrotó desde Aroer hasta cerca de Minnit, en total veinte ciudades, y hasta Abel Keramim. Completa fue la derrota y humillados resultaron los ammonitas ante los hijos de Israel.
Volvió radiante Jefté a Mispá, su casa, y cuando a ella se acercaba he aquí que su hija salió a su encuentro, bailando al son de las panderetas, también llena de júbilo, sabedora ya de la victoria conseguida por su padre. Era su única hija; fuera de ella no tenía hijo ni hija alguna.
Al verla, Jefté rasgó sus vestiduras y gritó:
–¡Ay, hija mía! ¡Me has destrozado! ¿Habías de ser tú la causa de mi desgracia? Abrí la boca ante Yavé y no puedo volverme atrás.
Ella le respondió:
–Padre mío, has abierto tu boca ante Yavé. Haz conmigo lo que salió de tu boca, ya que Yavé te ha concedido vengarte de tus enemigos los ammonitas.
Cuando supo cuál había sido el voto de su padre, la hija de Jefté le dijo:
–Que se me conceda esta gracia. Déjame dos meses para ir a vagar por las montañas y llorar con mis compañeras mi virginidad –porque la joven no había conocido varón y quedar sin descendencia era una desgracia y una deshonra para cualquier mujer hebrea.
Consintió su padre en lo que le pedía y la dejó marchar dos meses, sin que su potestad la vigilara, ciego a la vista de sus tratos. Fue con sus compañeras y estuvo llorando su virginidad por los montes, mundo de satíricos pastores. Al cabo de los dos meses volvió junto a su padre, sin que hubiera conocido varón, y él cumplió en ella el voto que había hecho.
Se hizo así costumbre que las hebreas fueran a lamentarse con cánticos cuatro días cada año por la hija de Jefté el galaadita.
Hay quien colige de esta historia, sin que en el texto lo permita de inmediato, que Jefté en realidad habría ofrecido a Yavé quemar a su hija en su honor, a cambio de la victoria sobre sus enemigos, y que de cualquier modo el holocausto fue la forma del sacrificio. También, con algo más de verosimilitud –porque concluye juzgando por el caso, que así es tomado por ejemplo–, que en el tiempo de los Jueces, antes de una batalla, la ofrenda en sacrificio a Yavé de los hijos de los combatientes era habitual. Sin embargo, hay quien cree que cuando Jefté sacrificó a su propia hija el hecho se narró como algo extraordinario y horrible.
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