Fondos de inversión
Publicado: noviembre 28, 2014 | Autor: jgarcialeria | Archivado en: Bartolomé Desmoulins | Tags: historias |Deja un comentarioBartolomé Desmoulins
Manejan quienes pescan cerca de esta costa un arte parecido a la nasa, cuya denominación, oscilante a lo largo de todo este litoral, no termina de quedar consolidada. Algunos lo llaman rémora y otros huércano, si bien entre los marineros de los poblados más lejanos rige el excesivo nombre de vampira. Con acierto la duda en la elección es juzgada como prueba de la incertidumbre que su uso engendra, implícita confesión de la conciencia de que con ella se está recurriendo a medios en alguna medida reprobables.
Pero sirve al deseo de asegurar a los que a ella recurren excelentes rendimientos con nulos riesgos, un cálculo que siempre inspirará el trabajo de quienes se adentran en el mar justo hasta donde se está a punto de perder de vista la costa; temerarios aventureros de litoral que puede distinguirlos el curioso con algo de atención y un poco de la perspicacia que deben poseer quienes dotados de aquella condición pasean por la orilla del mar. Suelen llevar barba de varios días, aun recién afeitados, pipa curva y la característica gorra con la que el frívolo revolucionario continental subía a la tribuna de la arenga. Algunos están tan poseídos por estos caracteres que no necesitan mojarse las manos. Les basta con exhibirlos durante todo el día a la puerta de algún establecimiento público. Los demás embarcan a la hora a la que los veraneantes aún tienen la oportunidad de admirar su porte, la nobleza con la que soportan el rigor de la vida que les ha tocado. Su entereza les lleva a tolerar la injusta distancia que los separa de quienes entregados a una vida regalada los miran ignorando absolutamente su presencia.
El arte consiste en una red cónica, reforzada con aros de junco o madera muy flexible. Tejen el largo cono previendo que una vez echado quede sumergido en la posición normal de esta figura geométrica, la base siempre por delante avanzando hacia las profundidades. La longitud que para él juzgan apropiada es la que permita llegar hasta el fondo, siempre próximo en las cotas del litoral.
Calculan el perímetro de la circunferencia principal tan extensa como la combinación de calado y eslora que cada embarcación permite, porque del punto de equilibrio de esas dos dimensiones depende la estabilidad de la nave desde la que se opera cuando se levanta el copo. Su extensión es llevada al límite para abarcar la mayor cantidad de presa posible. El uso correcto del arte consiste en ir soltando los pliegues de la red a trechos, según marcan los aros que la circundan de tramo en tramo.
Las especies que conviven acogidas a los lugares donde se sienten más seguras son primero abarcadas, y según va descendiendo el ingenio acosadas. Los más despiadados manipuladores del arte cuelgan del aro inferior fantoches y caretas, con el fin de sobrecoger a los desvalidos peces. Bajo la convicción de que las especies que deben ser devoradas sobre la mesa temen la presencia de otras que tienen por superiores y abrumadoras, los pescadores deforman con desbordado patetismo medusas y congrios fabulosos, o seres inexistentes que juzgan pavorosos por su tamaño o por su color. No está demostrado que las criaturas que han preferido sobrevivir aun hundidas en el agua sean receptivas a las misma insensateces que desconciertan a las que viven sobre la tierra. Sí ha podido comprobarse sin embargo que una reacción nerviosa de los seres sumergidos sigue a la aparición de aquellas fatalidades. Pero los analistas opinan que el hecho de que los peces, una vez sustraídos al medio marino, invariablemente aparezcan con los ojos exorbitados y aparentando pasmo no se debe adjudicar al estupor que pueda causarles la fealdad de engendros mal concebidos y peor ejecutados, y sí tal vez a que sean conscientes de la inminencia de la muerte.
Lo cierto es que quienes utilizan el arte convencidos de que es el arma más eficaz sostienen, fundados en unos principios que no pueden ser rebatidos, que proporciona sus mejores beneficios cuando consigue que los peces se vean obligados a invertir la dirección que siguen mientras van escapando. Ante el acoso de la red huyen, bien sea por instinto o bien dominados por el pavor que pueda provocarles, hacia las profundidades. Descender más y más en dirección al centro de la tierra es cavar la tumba. Si ya no pueden bajar más porque encuentran el fondo, y al tiempo el aro del arte lo toca, invariablemente todos los ejemplares cercados se convierten en presa, y ya atrapados ascienden en loca carrera por un embudo en el que finalmente quedan inmovilizados.
Cuando los activos pescadores consideran que han embolsado presa bastante, con un cabo que llega hasta la boca del arte lo cierran. Lo arrastran hasta ganar la posición más favorable, protegida del viento y de la marejada, y entonces lo elevan y lo descargan sobre la cubierta. El trabajo de selección y reparto lo completan los servidores de la nave antes de llegar a puerto, acosados por las voraces gaviotas de pico narigudo.
Los viejos y expertos marineros de esta costa enuncian así el principio de eficacia de la despiadada vampira. Quien por su uso desee los mayores beneficios debe localizar el lugar donde el fondo está exactamente a la distancia que la longitud de red prevista es capaz de cubrir. A esto los pescadores más expertos llaman dar con el fondo de inversión correcto.
Comentarios recientes